Hay descubrimientos que nacen del azar, de la complicidad entre la naturaleza y la curiosidad más pura. Eso fue lo que ocurrió en las costas del lago Mari Menuco, donde una bajada excepcional de las aguas del embalse dejó al descubierto un tesoro tan frágil como fascinante: huellas de aves fosilizadas del período Cretácico.
El hallazgo, protagonizado por Santiago Aduriz, un niño que exploraba el paisaje cambiante, se convirtió de inmediato en un registro paleontológico de valor incalculable. Mientras que los restos óseos suelen acaparar las miradas, encontrar icnitas (huellas) de aves es un suceso extraordinario. Requiere de una combinación milimétrica de factores para que la pisada en el sedimento blando endurezca y resista el paso de las eras, transformándose hoy en una ventana directa al comportamiento y los antiguos hábitats de la avifauna patagónica.
Ciencia en acción: el rigor del trabajo en equipo
Lejos de quedar como una anécdota aislada, el hallazgo activó de inmediato los protocolos científicos y de preservación provincial. Las minuciosas tareas de campo estuvieron encabezadas por los paleontólogos Juan Porfiri y Domenica Santos, ambos investigadores del Museo de Ciencias Naturales que depende de la Secretaría de Extensión.
Junto a ellos, el despliegue contó con la participación coordinada de Mateo Gutiérrez, en representación de la Dirección de Patrimonio Provincial. El equipo se completó con la valiosa labor de campo del técnico Federico Poblete y el compromiso de la alumna de geología Mercedes Di Lorenzo, una postal que demuestra cómo el relevamiento patrimonial también se construye impulsando a las nuevas generaciones de científicos locales.
Un escenario de gigantes y aves: cuando el barro fosilizó un ecosistema entero
Lo que comenzó como el asombroso descubrimiento de pisadas de aves terminó por revelar una escena prehistórica monumental: en el mismo sitio y compartiendo el mismo estrato geológico, las aguas del Mari Menuco también dejaron al descubierto imponentes huellas de dinosaurios saurópodos. Este hallazgo en conjunto convierte al yacimiento en una verdadera cápsula del tiempo, donde conviven la delicadeza de las pisadas de aves primitivas y las gigantescas improntas de los herbívoros de cuello largo que dominaban el paisaje patagónico, ofreciendo a la ciencia una postal única e irrepetible de la vida en la región hace millones de años.
Resguardo, identidad y futuro
La historia de estas huellas milenarias encontró su final feliz gracias a la sólida articulación entre el ámbito académico, los organismos estatales y las instituciones de la región. Cumpliendo con los marcos legales vigentes, las muestras fueron depositadas y puestas a resguardo en el Museo del Desierto Patagónico de Añelo (MDPA).
Este museo, que depende de la Municipalidad de Añelo y trabaja codo a codo con la UNCo, vive un crecimiento constante impulsado por la riqueza de los descubrimientos de la zona. El rescate en Mari Menuco no hace más que ratificar el rol histórico e indiscutible de la Universidad Nacional del Comahue como pionera y bastión de la paleontología en el norte de la Patagonia, consolidando un legado donde la ciencia, la educación y la protección del patrimonio caminan siempre de la mano.
* por Juan Porfiri, director del MUC





