Claudio MONTEVERDI
Palabras, afectos y suspiros
Viernes 4 de septiembre | 19:00 hs.
Sala de Exposiciones del MNBA
Ensamble Vocal Cuatro Quintos
Espineta: Gisela Gregori
Preparación Vocal: Maximiliano Gallo
Dirección: Manuela Saralegui
Ensamble Vocal Cuatro Quintos
Se crea en el año 2023 en el marco de las actividades del Coro Universitario que funciona en la Secretaría de Extensión de la Universidad del Comahue. Desarrolla una intensa labor en el estudio y difusión del repertorio renacentista y barroco como también del repertorio universal para coro de cámara.
Sopranos: Victoria Ghiselli, Noelia Giuliano, Selene Stenta
Altos: Malena Arethy Segovia, Carina Vega
Tenores: Eduardo Ezequiel Kunz, Maximiliano Gallo
Bajos: Federico Fushimi, Israel Matamala
Gisela Gregori, bajo continuo. Pianista, clavecinista, organista y pianista de tango de Bahía Blanca. Egresada del Conservatorio de Música de Bahía Blanca, se especializa en música antigua y se ha presentado como solista y continuista en importantes salas y festivales de Argentina y Brasil, incluyendo el Teatro Colón. Actualmente integra Sexteto La Mariposa y Bomba Cumbia, desarrollando una activa trayectoria en tango y música popular. Se desempeña además como profesora de Piano y pianista acompañante en el Conservatorio de Música de Bahía Blanca y en la Escuela de Danzas de Bahía Blanca.
PROGRAMA
Claudio Monteverdi (1567-1643)
Secondo libro de madrigali (Venecia, 1590)
Ecco mormorar l’onde
He ahí las olas susurrantes
y el follaje tembloroso
con la brisa matutina y los arbustos,
y sobre las verdes ramas los bellos pájaros
cantan suavemente y sonríe el oriente.
He ahí que ya aparece el alba
y se refleja en el mar
y serena el cielo
y perla el dulce hielo
y dora los altos montes.
¡Oh, bella y hermosa aurora,
la brisa es tu mensajera
y tú de la brisa que todo corazón abrasado restaura!
Seconda raccolta de’ sacri canti (1624)
Venite, venite sitientes
Oh, venid, oh, venid a las aguas, todos los que tenéis sed del Señor.
Apresuraos a tomar esta leche y miel que ninguna plata puede comprar.
Venid, bebamos el vino que os imparte una sabiduría inefable.
Comed, bebed, amigos, de esta miel y leche divinas.
Porque el amor de Dios es mejor que el vino que consuela al mundo.
Settimo libro de madrigali (Venecia, 1619)
S´el vostro cor, madonna
Si vuestro corazón, Señora,
con otros tan piadoso,
de su digno llanto al mío indigno
una vez se volviese,
y una sola lágrima a mi languidecer diese,
quizás en mi dolor
vería la perfidia ajena y el propio error.
Y a vos misma os diríais: «¡Ah, si supiese
dar piedad como piedad deseo!»
Sesto Libro de Madrigali (Venecia, 1614)
Lamento d’Arianna
I. Lasciatemi morire
¡Ay! Dejadme morir,
¿Qué puede confortarme
ante esta dura suerte,
en este gran martirio?
¡Ay! Dejadme morir.
II. O Teseo, o Teseo mio
¡Oh Teseo, oh Teseo mío!
Te quiero llamar mío, puesto que mío eres,
¡Oh Teseo, oh Teseo mío!
Te quiero llamar mío, puesto que mío eres,
aunque esquives, oh cruel, los ojos míos.
Retorna, Teseo mío,
retorna, amado ídolo,
vuelve a mirar a aquella
que por ti abandonó su patria y reino,
y en esta playa ahora
presa de fieras despiadadas y crueles,
sus huesos dejará.
¡Teseo, oh Teseo mío!,
Por Dios, si tú supieses,
si supieras ¡ay de mí! cuánto padece
la desdichada Ariadna,
quizá, quizá contrito,
enfilarías tu proa hacia esta orilla.
Mas con la dulce brisa
tú partes tan contento, mientras lloro.
Atenas te prepara
una suntuosa fiesta, yo aquí me quedo
víctima solitaria de las fieras.
Tus viejos padres, uno y otra,
te abrazarán felices. Yo en cambio
nunca más os veré, ¡oh madre, oh padre mío!
III. Dove, dove è la fede
¿Dónde, en dónde está la fe
que tanto me juraste?
¿Es así como al trono
pretendes que yo ascienda?
¿Son éstas las coronas
que han de ceñir mis sienes?
¿Acaso éstos los cetros,
las alhajas y el oro?
¿Dejarme abandonada
entre bestias feroces?
¡Ah Teseo, ah Teseo mío!,
¿dejarás tú que muera
llorando en vano y suplicando ayuda
la miserable Ariadna,
que en ti confiaba, y te dio vida y gloria?
IV. Ahi, che non pur risponde
¡Ay! No quiere responderme.
¡Ay!¡Como el áspid es sordo a mis lamentos!
¡Oh nubes, trombas, vientos,
sumergidlo en las olas!
¡Venid, ballenas y orcas,
que sus miembros inmundos
colmen los abismos profundos!
¿Qué digo? ¡Ay! Yo deliro.
¡Oh miserable!, ¿qué pedía?
¡Oh Teseo, oh Teseo mío!,
No era, no era yo quien
tan duras cosas dijo;
habló mi afán, habló el dolor,
habló la lengua, no lo hizo el corazón.
Mísera, sigo dando lugar
a la esperanza traicionada, y no se apaga
a pesar de tanto escarnio el fuego de Amor.
¡Apaga, tú, muerte, las llamas indignas!
¡Oh Madre, oh Padre, oh del antiguo Reino
las soberbias moradas, donde tuve cuna de oro,
oh sirvientes, oh fieles amigos (ay, destino indigno),
mirad dónde me llevó la cruel fortuna,
mirad qué dolor heredé del amor mío,
de mi fidelidad y de aquel que me ha engañado!
Así vive quien en demasía ama y se fía.
El Lamento d’Arianna constituye la única sección conservada de la ópera Arianna (1608). Su
extraordinaria intensidad dramática llevó a Monteverdi a reelaborar el lamento en diversas versiones,
entre ellas la adaptación para madrigal a cinco voces incluida en el Sexto Libro.
Sestina: Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata
I. Incenerite spoglie
Oh restos reducidos a cenizas, avara tumba,
hecha con mi sol terrenal eres ahora mi cielo.
Ay, laso, vengo a poneros en tierra, y está enterrado
contigo queda cerrado mi corazón en este pecho de mármol,
y noche y día vive en fuego, en llanto,
en dolor, en ira, el atormentado Glauco.
II. Ditelo, o fiumi
Decidlo, oh ríos, y vosotros que oyeron a Glauco
el aire herir con sus gritos en su tumba
en el campo desierto, solo oidos por las ninfas y el cielo;
para mí fue alimento el dolor, bebida el llanto,
porque mi amada esta cubierta por la helada tierra,
lecho, oh piedra feliz, donde soñar con tu bello seno.
III. Dara la notte il sol
Iluminará de noche el sol con su luz la tierra
y resplandecerá Cintia en el día, antes que Glauco
deje de besar, de honrar aquel seno
que fue nido de amor, y que la dura tumba
ahora oprime; las fieras y el cielo solo le proveerán
grandes suspiros y llantos.
IV. Ma te raccoglie, o Ninfa
Mas, que te acoja, oh Ninfa, en su intimidad el Cielo.
Yo por ti veo viuda a la tierra,
desiertos los bosques, y correr ríos de llanto.
Y las dríades y las ninfas, del triste Glauco
Recuerdan el lamento y sobre la tumba
cantan las cualidades del amado seno.
V. O chiome d’or
Oh cabellera de oro, nieve delicada del seno,
oh lirios de la mano, que el envidioso cielo
me robó, aun cuando estéis encerrados en ciega tumba,
¿quién puede esconderos? Ay de mí, pobre tierra,
¿la flor de toda belleza, el sol de Glauco
esconderás? Ah, musas, aquí rompan en llanto.
VI. Dunque, amate reliquie
Luego amadas reliquias, con un mar de llanto
¿no bañarán estos ojos el noble seno
de una fría roca? Ahí el afligido Glauco,
hace resonar el nombre de Corinna hasta el mar y el cielo,
para que digan los vientos a toda hora, para que diga la tierra:
«Ay Corinna, ay muerte, ay tumba».
Ceden al llanto las palabras: amado seno,
que te dé paz el cielo, y paz para ti Glauco,
reza sobre la honrada tumba y sobre la sagrada tierra.
La Sestina fue compuesta en memoria de la cantante Claudia Cattaneo, fallecida prematuramente.
Sobre un texto de Scipione Agnelli, Monteverdi desarrolla un extenso recorrido emocional que transita el duelo, la evocación amorosa y la aceptación de la pérdida, constituyendo una de las cumbres expresivas del madrigal barroco temprano.

